• 30 de enero de 2017

El incentivo perverso de la empresa familiar

El incentivo perverso de la empresa familiar

El incentivo perverso de la empresa familiar 1024 683 David Moreno Vincent

Que la familia como institución está en la base de la creación de la riqueza forma parte del acervo colectivo, ya que históricamente son las familias quienes han contribuido a la creación tanto de las grandes fortunas como de los pequeños negocios. Gracias a la estabilidad y la protección desinteresada que brinda la familia las sociedades han podido acumular riqueza. Hoy en día, incluso, cuando se lanza una búsqueda de financiación para nuevos proyectos empresariales se apela a las llamadas “tres efes” (en inglés, “Fouls, Family and Friends”) entre las que está evidentemente la de la familia.

Es evidente que la empresa familiar forma parte del patrimonio familiar, pero no ya sólo como un activo generador de fondos, sino también como un elemento patrimonial que tiene un elevado valor sentimental.

Y es este valor sentimental el que representa el principal riesgo de una empresa familiar. En un próximo post, hablaré de la liquidación y la liquidez en relación con la calidad del balance. Siendo ellos conceptos relevantes, lo cierto es que el nivel de concentración de fondo e implicación de la propiedad es también un elemento determinante de esta calidad.

Cuando hablamos de concentración de fondo nos referimos a la medida en la que el capital social de la empresa está concentrado en las manos de una persona (normalmente el fundador) o varias (fundador, descendientes, terceras personas). Igualmente, la implicación tiene que ver con la forma de tomar las decisiones, ya sea por el socio único o por una gerencia externalizada a la familia.

Es por ello que, aunque el análisis de los proyectos empresariales desde una perspectiva de creación de valor de cara a determinar si es conveniente mantener una posición o deshacerla es fundamental y debe también aplicarse a las empresas familiares, este por sí sólo no es suficiente para mantener una posición patrimonial sana.

Una empresa familiar es, ante todo, un proyecto personal que una vez consolidado, se mantiene dentro de la esfera de actuación de la familia. Ello tiene dos consecuencias inmediatas. La primera es que, de forma natural, se convierte en el principal (cuando no el único) generador de recursos. La segunda, menos visible a veces pero más importante incluso, es que la empresa familiar tiene un papel preponderante en la vida laboral de los miembros de la familia, tanto en las primeras generaciones como en las sucesivas. Es, además y sobre todo en muchísimos casos, el proyecto vital de su fundador, y un elemento clave de la herencia sentimental de la familia. Por tanto, sus propietarios están naturalmente inclinados a cometer dos errores de base:

El primero es tratarla como una obra de arte, o una persona. Se le otorgan valores propios de los seres humanos olvidando que es un conjunto de activos cuyo objetivo es generar riqueza, y también se le asigna un valor meramente emocional. La reflexión pausada que se toma no en la creación de proyectos empresariales sino en su evolución desaparece. En realidad, se tiende a perder de vista la capacidad de generación de recursos que una empresa debe tener y se sustituye por la belleza del proyecto, o la importancia de un negocio “histórico”. Es innegable que en el proceso que llevó al nacimiento de la empresa, su fundador normalmente aplicó los principios fundamentales de descubrimiento de una necesidad y de arbitraje en un mercado potencial. Sin embargo, a medida que el proyecto se desarrolla, la naturaleza de la empresa familiar hace que se diluyan esos reflejos y por tanto esa capacidad de adaptación al mercado. A partir de ese momento, es frecuente ver que algunas empresas familiares se convierten en ferrocarriles, en el sentido de que quienes las guían no pueden más que seguir un sendero predeterminado.

El segundo error viene también derivado del primero, y consiste en asumir como una premisa cierta que, si el proyecto ha funcionado, puede seguir funcionando. Aunque es cierto que en ocasiones es necesaria una inyección de capital para conseguir llevar la empresa hacia la zona de los beneficios, no lo es menos que el mercado es por definición cambiante. Las mismas recetas no siempre son eficaces. Esto genera una tendencia a destinar no sólo los fondos y las reservas de la empresa a su supervivencia, sino en muchas ocasiones las reservas patrimoniales de la familia, lo cual lleva a que además de tener la empresa familiar en riesgo, la propia familia se vea amenazada por esas decisiones de gestión que la afectan a toda.

Comentábamos al principio que el nivel de concentración de fondo y de implicación de la propiedad incidían en estos problemas. En el caso de la concentración, no existe una medida estándar. Cada familia, cada composición accionarial, es diferente, y no existen recetas milagrosas, sino situaciones adaptadas. Al contrario, en el caso de la implicación, sí que se puede determinar una estructura que, además de garantizar un adecuado nivel de conocimiento para la toma de decisiones, permita una profesionalización de una serie de funciones dentro de la empresa para mejorar su operativa y, por tanto, su cuenta de resultados.

Si lo desea, podemos estudiar conjuntamente con usted la situación empresarial y patrimonial de la familia para poder establecer un plan de acción de minimice los riesgos potenciales y asegure una adecuada preservación patrimonial.


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