• 30 de marzo de 2017

La complejidad del Brexit

Barrow entrega carta Theresa May a Tusk
Photo: Yves Herman (Reuters)

La complejidad del Brexit

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Ayer, la Primera Ministra Theresa May hizo formalmente entrega de la carta que declaraba el inicio de la aplicación del artículo 50 del Tratado de la Unión. El proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea iniciaba formalmente su camino.

Si bien este no pretende ser un análisis exhaustivo, hay algunos elementos que es importante conocer.

Decía mi amigo Fernando Mínguez la semana pasada que el proceso del Brexit es complejo. Que forma parte de esos problemas que “no se pueden plantear en 144 caracteres”. Y tiene razón.

Es importante tener en cuenta que la salida de la UE tiene para el Reino Unido una serie de consecuencias mayores, que además son buscadas en muchos casos. Una de las más importantes, y generalmente olvidada, es la recuperación plena de su soberanía normativa. Literalmente, “tomar el control de su legislación y acabar con la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE sobre el Reino Unido”.

Este es probablemente el único objetivo del proceso que se puede garantizar que ocurra. En efecto, el control de la inmigración, la protección de los vínculos históricos con Irlanda, la garantía de los derechos adquiridos de residentes (tanto británicos en la UE como de la UE en Reino Unido), la libertad de comercio, y todo el resto de objetivos estarán sujetos a un proceso de negociación extremadamente complejo y que, en numerosos aspectos, puede requerir de la unanimidad de los países miembros. Pero es que incluso la recuperación de la capacidad normativa no está exenta de complejidad. A lo largo de los últimos 40 años, la Unión Europea ha dictado una ingente cantidad de normas que, de manera natural y a menudo insidiosa, se han ido incorporando a los ordenamientos nacionales. Y la normativa Europea no es sólo el conjunto de leyes o directivas dictadas. Es también el de decisiones de múltiples organismos que conforman el cuerpo regulatorio y que lo dotan de un marco conceptual de aplicación.

Hay quienes piensan que los dos años que tenemos por delante serán suficientes para el proceso, pero la realidad del calendario político es bien diferente. Hasta el 7 de mayo por la noche no sabremos quién será el nuevo presidente de Francia, todavía falta por saber qué gobierno se formará en Holanda, y las elecciones federales en Alemania tendrán lugar a finales de septiembre de 2017. Es previsible que hasta esas fechas no se produzca ningún movimiento relevante, dado que cualquier concesión podría ser considerada como una muestra de debilidad por parte del electorado. Eso indica que octubre será previsiblemente el mes en que se inicie el proceso. Pero dado que el conjunto del acuerdo de separación debe ser aprobado por el parlamento europeo y por los países miembros, si nos atenemos a la lentitud de dichos procesos, se estima que el acuerdo debe estar finalizado en octubre de 2018. Y eso, efectivamente, deja solo un año para negociar todos los aspectos del Brexit. Y aunque se puede considerar una prórroga del plazo, que debería ser aprobada de forma unánime por el Consejo, esta se encontraría con la celebración de elecciones Europeas, lo cual sería contraproducente para los objetivos de los partidos políticos tradicionales.

Por otra parte, y desde una perspectiva económica, podríamos pensar que al final, la fuerza de los hechos y del comercio llevarán al establecimiento de un conjunto de acuerdos, incluyendo una disposición transitoria que minimice los efectos en el crecimiento y el empleo. Al fin y al cabo, el principal interés de todas las partes es mantener los niveles de riqueza y de intercambio. Pero son precisamente las circunstancias políticas actuales las que indican que el proceso puede acabar mal.

Y acabar mal significa fundamentalmente dos cosas:

Desde el punto de vista legal, dentro de dos años el Reino Unido deja de hecho de ser miembro de la Unión. De forma automática, ninguna de sus normas le resulta de aplicación. Por tanto, desaparecen por citar algunos ejemplos la libertad de movimientos de personas y de capitales, el reconocimiento mutuo de titulaciones, los derechos a prestaciones de carácter social o la posibilidad de ejecución de sentencias del Tribunal de la UE, incluso en caso de procedimientos que se encuentren en curso. En lo que al comercio se refiere, se aplicarán las normas de la Organización Mundial del Comercio en todos los intercambios, lo cual no está exento de complicaciones. Este impacto se extiende también a los países de la Commonwealth que, con motivo de su pertenencia a ella y al hecho de que el Reino Unido forma parte de la UE, verían modificada su posición.

Además, no podemos ni debemos olvidar que, aparte del sector financiero -donde las autoridades británicas han sido especialmente ávidas de regulación- el Reino Unido ha sido el contrapeso sistemático del eje París-Berlín y el principal (cuando no el único) defensor de la libertad de comercio, el mercado único y la competencia fiscal. Su salida deja el camino expédito a una armonización fiscal al alza y a la aparicición de tendencias proteccionistas.

Por si no fuera poco, hay que añadir a todos estos ingredientes la serie de particularidades individuales de los diferentes países. Porque si es innegable la presencia en el Reino Unido de más de 3 millones de nacionales de toda la UE trabajando o estudiando, es en España (por citar un ejemplo) donde hay cerca de 300.000 pensionistas británicos residiendo, con derecho al sistema sanitario. Un problema que no tienen Polonia o Austria, por ejemplo, y que requeriría en el peor escenario de un tratado bilateral, pero a su vez posiblemente no extensible a otros estados miembros. Sencillo, ¿verdad?

Desde el impacto en el consumo individual a la planificación corporativa de acceso a los mercados, el Brexit representa un profundo cambio en el escenario al que todo el mundo debe adaptarse. Y aunque como todas las crisis, representa una combinación de amenaza y oportunidad, la realidad socio-política actual la hace teñirse de amenaza. Por ello, es necesario estar preparados y evaluar el nivel de exposición que podemos tener tanto individual como empresarialmente.

PD: Mi agradecimiento al bufete Cuatrecasas por la invitación al seminario  sobre el Brexit organizado junto con MacFarlanes el pasado día 22 de marzo.


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